Acto en Ordes recordando a Ponte y a Foucellas

Abarrote. Esa el la palabra para definir el acto de recuerdo de Benigno García Andrade, Foucellas, la semana pasada en la localidad coruñesa de Ordes. La Casa da Cultura de esa villa estaba llena y con los pasillos y escaleras saturados de gente, sentada y de pie. Una muestra del interés que despierta en localidades pequeñas hoy, en el siglo XXI, la represión casi sin límites desatada por el franquismo.

Con el infatigable investigador Manolo Pazos conduciendo el acto, Bernardo Maiz Vázquez, historiador hizo uso de la palabra para recordar, entre otras cosas, que en el municipio de Mugardos, cerca de Ferrol, hubo 190 asesinatos a manos de los sublevados y que estos pusieron en vigor el Código de Justicia Militar de 1890, derogado poco antes por la República y que no cambiarían hasta 1940. Dijo también que en toda España había un total de 100.162  presos en 1939. En enero del 40 eran ya 270.000. En 1943 sumaban 124.423, de los que 49.993 estaban acusados de rebelión militar (curiosamente, por haber seguido fieles a la Constitución). De ellos, unos 36.000 habían sido condenados a pena de muerte o a cadena perpetua.

Francisco Martínez López, Quico, leonés, minero, enlace de la guerrilla y guerrillero en 1947 hizo uso de la palabra. Participó desde el 36 y se autodefinió como “guerrillero de la memoria”. Dijo que “no se han creado las condiciones para cerrar las heridas, que las hemos sufrido nosotros”. Recibió una ovación de varios minutos.

Maruchi Ponte, hija de Manuel Ponte Pedreira, nacido en Frades, se emocionó. Su padre fue a la cárcel en el 36. Puesto en libertad, se convirtió en enlace de la guerrilla. Dijo que tenía “recuerdos de niña muy pequeña. Iba al monte a verlo, lo que no me llamaba la atención. A veces venía el por la noche a casa, que estaba a pocos metros del cuartel de la Guardia Civil. La verdadera víctima fue mi madre, que en el año 46 fue acusdada de enlace y se la llevaron a la cárcel de A Coruña. Después de dos días la dejaron en libertad”. Desde ese momento “estuvo vigilada por la Guardia Civil y la brigadilla. En enero del 47, en Santiago, llamaron a nuestra puerta y la detuvieron preguntándole por los enlaces. La tuvieron incomunicada durante dos días. Luego la mandaron a Valladolid y de allí a Oviedo”.

Pepita Andrade, hija del mítico Foucellas, también se emocionó varias veces. Recordó la noche que mataron a su padre con garrote vil (“Hasta media hora antes estuvimos con él”). “Mi madre fue desterrada, murió en un hospital de Valladolid y yo la vi dos días antes de morir. La separaron de mí y de mi hermano, y yo quedé con mi abuela, que era muy pobre y que no podía alimentar a mi hermano”, que tuvo que irse con otro familiar. Luego contó que “desde los 12 años me puse a coser por las casas. Me daban 10 pesetas y la comida. Luego me fui a Francia, tras la muerte de mi padre, con 6.000 pesetas que me había dejado un tío y que se las devolví con el primer sueldo que cobré”. Resaltó que en Francia la habían tratado “muy bien”, y recordó que temblaba al hablar de España hasta el punto de que tuvo que ser sometida a tratamiento siquiátrico. “Estuve 32 años sin venir a Galicia por miedo a reencontrarme con el pasado”. Tuvo palabras cordiales para el gobernador civil que perseguía a su padre, Fernando Hierro, a quien, curiosamente, definió como una persona “muy humana que me trató con mucho cariño”.

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